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brjulaHoy, más que nunca, es el día del fútbol. Hoy cae, por partida triple, el número redondo. El balón correrá en busca de los últimos clasificados para la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Algunos buscan, por primera vez, un premio enorme tras su independencia: Bosnia Herzegovina, Montenegro y Estonia aguardan con impaciencia el pitido inicial de las eliminatorias.

   Otros preparan la próxima jornada, con la histeria en los talones. Al iniciar un nuevo ciclo siempre se habla de proyectos, con palabras de mucho calado: nuevas metodologías, etc. De repente escuchas a alguien decir que los proyectos no existen en el fútbol; que sólo cuenta el resultado. Es cierto que a Alex Ferguson estuvieron cerca de destituírle en el Manchester United, pero al cuarto o quinto año, por falta de títulos, cuando el club llevaba casi tres décadas sin ganar una liga; Arrigo Sacchi tampoco lo tuvo fácil en sus inicios como entrenador del Milan. Cuando el Español (con ñ, en aquellos años) lo elimina de la UEFA en la temporada 1987/88, el técnico quedó muy tocado, y como venía del modesto Parma la gente dudaba aún más de sus capacidades. O el match-ball que salva Rafa Benítez en Montjuic siendo entrenador del Valencia. El conjunto ché perdía por 2-0 el día del ultimátum al técnico madrileño. En un arranque de rabia su equipo le da la vuelta al partido y termina imponiéndose por 2-3. Después llegarían dos títulos de Liga y una Copa de la UEFA. Proyectos supeditados al resultado. Nunca se sabe qué es lo que va a deparar una decisión drástica. Tomar decisiones es lo más difícil, por las dudas e incertidumbres. Pero en cualquier circunstancia de la vida hay que decidir: seguir confiando o dar un golpe de timón.

 

   En la Real sube la temperatura del desconcierto. El partido ante el Espanyol se ha convertido en juez para much@s. Por el resultado, pero por encima de todo, por las sensaciones. Los resultados no son buenos, pero las sensaciones son aún peores. Sensaciones que van más allá de Philippe Montanier, y que transitan en el tiempo, sin llegar a un punto exacto, sino que el punto de partida fue el día que se perdió la perspectiva global. ¿Y cuándo sucedió esto? Cuando se lanzó una moneda al aire para decidir el camino a tomar según soplara el viento.

   Lo más importante en el fútbol es ser reconocible. Saber a qué juega un equipo es sinónimo de seguridad. La Real antes intentaba hacer unas cosas; ahora procura hacer otras de manera totalmente diferente. Es el sino de este club en los últimos años: bandazos incesantes. Antes  intentar salir tocando, con apoyos, buscando generar superioridades con el balón; luego “quemando aceite”, como decía Martín Lasarte, queriendo llevar el duelo a zona de tres cuartos tras la peinada de Xabi Prieto. ¿Y ahora? Otra vez intentar combinar, con un sistema de líneas adelantadas. Rupturas en el tiempo, sin buscar una evolución natural.

   La Real ha querido cambiar su estilo de juego, y sin embargo lleva consigo la inercia derrotista que no nace ahora. A Martín Lasarte le costó que su equipo fuera intenso, tuviera ritmo, y se quitara de encima las inseguridades. Le ayudó mucho la irrupción de dos valores nuevos y deshinibidores: Zurutuza y Griezmann. Aquella novedad resultó un aporte fresco y beneficioso. La ilusión del ascenso llenó de burbujas el entramado de cara al retorno a Primera. Con la llegada de Joseba Llorente la Real reclutaba genio, chispa, carácter ganador… La cosa arrancó bien, con entereza. Pero en la segunda vuelta el equipo cayó en picado. Salvados los muebles de aquella manera, se produce la enésima ruptura. Intentan cambiar el estilo de juego, añadiendo otro tipo de hábitos en los tiempos del futbolista; pero aquella sensación de caída perdura, a pesar de un inicio de campeonato interesante en cuanto a resultados. El desánimo nos lleva más allá en el tiempo; es una especie de continuum de debilidad.

   Siempre se habla de resultados en el fútbol. Se mira al horizonte, desdeñando muchas veces el camino. Hay que ganar, “por lo civil o criminal”, se escucha por momentos. Pero al final del camino, un buen resultado sin método, a la larga creará muchos problemas. La Real está en ese tris de conseguir ganar como sea el siguiente partido, para comenzar a remontar. ¿Pero, con qué estilo? Con el que quería implantar el entrenador desde el principio? Con rasgos del año pasado? Con lo que salga? Esa es la gran incertidumbre de este equipo: su estilo. No es reconocible, y los futbolistas andan desorientados. La desorientación genera dudas, y la incertidumbre dispersa las capacidades.

   Un entrenador debe adaptarse a las características de su plantilla. Para llevar a cabo un estilo ofensivo (1-4-3-3), necesita posesión, a partir de un centro del campo dominante en el juego. La solvencia de la medular dará confianza a la retaguardia, para sentirse más segura en sus movimientos de adelantar la línea, siempre comenzando el trabajo de presión desde la punta de lanza. A partir de ahí, se crea el contexto favorable para que los exteriores-interiores (Xabi Prieto-Griezmann) encuentren espacios propicios y comunes para desarrollar su talento. Pero la Real no es capaz de generar ese contexto de juego, porque, por el motivo que sea, Montanier no da con el perfil de futbolistas adecuados para ello. Los incesantes cambios del medio centro de posición son un caso ilustrativo. El equipo se rompe por el eje, y ese triángulo que intenta tejer en la medular no funciona. Con lo cuál, terminará buscando la seguridad y el equilibrio fortaleciendo la zona ancha, más que reforzando la línea defensiva. A partir de ahí, intentar sorprender por velocidad, con un equipo que no se distingue precisamente por ello.

   Hay que tener claro a qué se juega, a partir de los futbolistas. Y para jugar como se quiere hay que contar con los jugadores idóneos. Luego, es cuestión de crear un contexto favorable para desarrollar un estilo de juego. Todo esto está bloqueado ahora mismo, pero conseguir resultados desde la desorientación es una lotería. Con lo cuál, habrá que pasarlo todo a limpio: qué es lo que se busca, qué mimbres se tienen, y cómo afrontar el camino para llegar a la meta. Se necesita mucha personalidad para dar la vuelta a este tipo de situaciones desde la coherencia.

 

 

 

                                                                                                  Naxari Altuna (periodista)  naxari altuna



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