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   mario gtzeUn entrenador me comentaba hace poco que cada vez se enseña menos al futbolista y lo que prolifera en su oficio es la figura del alineador. Reflexionando sobre el comentario, hay que convenir que la enseñanza no debe terminar en un punto concreto: el aprendizaje no tiene fecha de caducidad. La formación es contínua; no finaliza con la llegada a la élite. El entrenador debe observar y aplicar sus conocimientos en la mejora constante del futbolista, que redundará en el fortalecimiento del equipo. Para ello hace falta dedicación y tiempo, obviamente. Pero el concepto del tiempo en el fútbol ha cambiado de unos años a esta parte. El resultado más inmediato traza el camino. “Hay que ganar como sea”, se escucha de forma incesante. Bajo esa premisa, elegir a los once más idóneos puede ser la prioridad del responsable técnico. Y como su futuro está estrechamente ligado a los resultados, evidentemente aspira a tener los mejores futbolistas posibles para entrenarlos pensando en el siguiente partido. Las urgencias dificultan la labor del entrenador.

La situación de la mayoría de clubes obliga a tirar de imaginación para poder fichar. Cuando se pasan penurias, se apela más que nunca al espíritu de equipo. A veces, sorprende el rendimiento de ciertos grupos en situaciones comprometidas. El caso del Rayo Vallecano la pasada temporada es un ejemplo. Realidades diametralmente opuestas viven clubes como el Málaga, Paris Saint-Germain y Manchester City. Los petrodólares han puesto en mano de sus técnicos a multitud de estrellas. Existe una gran expectación en torno a esas tres instituciones. En las últimas décadas sólo el conjunto parisino se ha codeado, en algún momento, con los mejores. La época dorada de los citizen se quedó anclada en los sesenta, y el club de la costa del sol nunca se había visto en una de estas. Con tanta luz y estrella, los focos mediáticos se han dirigido a esos tres enclaves futbolísticos, donde la exigencia y la urgencia están directamente relacionadas con la expectación creada.                                                                           

   El pasado fin de semana arrancó oficialmente la temporada en Inglaterra con la disputa de la Community Shield. El campeón de la Premier League, Manchester United, medía sus fuerzas ante el vecino, Manchester City. El Kun Agüero, último dispendio de los skyblues, estaba en el banquillo. Roberto Mancini alineó once futbolistas que distan mucho de ser un equipo. Hace falta tiempo; pero la complementariedad y el entrenamiento no son menos importantes. Ganaban los citizen al descanso por 0-2, pero terminaron hincando la rodilla, porque el fútbol, fiel a su esencia, hizo justicia. La estirpe ganadora del United no se hizo en un día, y el compromiso se adquiere en el largo trayecto en común. Los diablos rojos si son un equipo.

   En Francia arrancó el campeonato. El PSG, con sus flamantes fichajes, recibía en el Parque de los Príncipes al modesto Lorient. Su entrenador, Christian Gourcouff, es un especialista en armar verdaderos equipos con un alto sentido de la colectividad. Curiosamente, su última gran figura, el goleador Kevin Gameiro ahora juega en el PSG, que hace unos días cerraba a bombo y platillo el fichaje de Javier Pastore por 42 millones de euros. El pasado sábado, el Lorient se llevó la victoria en París para escarnio de la archidecepcionada afición capitalina. Antoine Kombouaré tiene mucho trabajo por delante para encajar sus piezas.

   Al Málaga lo ven arriba. Hay quien le da opciones para entrar entre los cuatro mejores de la Liga. En principio ha fichado con sentido, merced a una situación que no es nada natural en el club de la Rosaleda. Hace un par de años sudaba sangre para que no se lo llevaran los demonios, rebosando deuda, y ahora compite en el mercado con los más pudientes. Manuel Pellegrini tiene el reto de hacer un equipo y que funcione de forma inmediata. Ilusión e impaciencia van de la mano.

   La luz del fin de semana llega desde Dortmund. Comenzó la Bundesliga, con el resplandor sobre la hierba del Westfallenstadion. El Borussia Dortmund arranca el ejercicio como lo terminó; de forma deslumbrante. La pasada temporada recaudó 20 millones de euros por los derechos televisivos, y fue capaz de enterrar vivo al Bayern Munich, con un equipo joven, fresco, atrevido y dinámico. Este verano ha perdido su brújula, Nuri Sahin (Real Madrid), pero no por ello se ha extraviado el conjunto de la cuenca del Rühr. Con gran tino ha fichado al mediocentro del Nüremberg Ilkay Gündogan. Y con el resto de las piezas de la pasada temporada, el entrenador Jürgen Klopp ha conseguido dar continuidad a su obra, una de las más atractivas del actual panorama futbolístico. El Borussia Dortmund, víctima de su excesivo gasto en el pasado, cambió la manera de proceder, y ahora es un ejemplo de funcionamiento. Capaz de fichar de la  segunda división japonesa al joven mediapunta Kagawa a precio de saldo, un jugador que marca la diferencia en cada partido; y con la valentía suficiente para darle la manija a un chico de 19 años: Mario Götze. Apunten bien este nombre. Con el escaparate de la Champions League, pronto atraerá los focos y recibirá las alabanzas del gran público. El Borussia Dortmund es, hoy por hoy, un oasis dentro del fútbol. Un equipo, con todas sus connotaciones, de juego fluido, alegre; y un entrenador que tiene muy bien adiestrado a su grupo: hambriento, solidario y ensamblado. Para regocijo de su inigualable afición. El Bayern Munich lo va a tener muy crudo.

 

 

                                                                                                     Naxari Altuna (periodista)  naxari altuna



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