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Un histrico ninguneado


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Un histórico ninguneado
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HSV (HAMBURGO)Fue un goleador entrañable. Emblemático. Jugó cuatro Mundiales: quedó segundo, tercero y cuarto. Dieciocho años en su equipo de toda la vida: Hamburger Sport-Veirin. Hablamos de Uwe Seeler, el simpático goleador  alemán que durante buena parte de tres décadas (50, 60, 70), rompió redes en medio mundo. Carismático como pocos y fiel a su equipo de toda la vida. Más de 400 goles al servicio del Hamburgo. En 1972, año de su retirada, fue nombrado capitán honorífico de la selección alemana, distinción que comparte con futbolistas de la talla de Fritz Walter, Franz Beckenbauer y Löthar Matthaus. Es el goleador  alemán por antonomasia, tras el indiscutible Gerd Müller.

 

   Fue un goleador demoledor. Terrible. Ganó la Eurocopa de 1980 con Alemania (aquella que catapultó a un jovencísimo Bernd Schuster), marcando los dos tantos de la final ante Bélgica. Le recuerdo, un par de años después, desatado, dando saltos de alegría en el Sánchez Pizjuán, tras marcar el penalti definitivo ante Francia, en una semifinal inolvidable por su desarrollo y desenlace. Sí, aquel partido del Mundial’82, el de la brutal falta de Schumacher sobre Battiston; el de la exhibición de Francia y el coraje germano. Cuando Alemania forzó los penaltis (con un 3-1 desfavorable en la prórroga) los teutones consagraron su leyenda. Y no podía ser otro que el gigantón Horst Hrubesch quien rubricara el pase a la final, superando desde los once metros a Jean-Luc Ettori.

   ¿Quién no recuerda a Hrubesch? Apodado el Ogro de los Cabezazos. Él también jugó en el Hamburgo. Un delantero muy diferente a su antecesor, Uwe Seeler. Hrubesch era un ariete devastador; cual armario forjado en la mejor fábrica germana. El fabuloso lateral derecho Manfred Kaltz era su mejor aliado en el campo. Todavía retumba el poste derecho de la portería situada bajo la torre de Atotxa, tras aquel partido de ida de las semifinales de la Copa de Europa. El palo escupió con la misma determinación un cabezazo inmisericorde del gigante teutón. El desenlace posterior es de tod@s conocido.

   Era el gran Hamburgo, que comenzó a gestarse a finales de los setenta. Allí llegó Kevin Keegan, procedente del Liverpool. El conjunto hanseático perdió la final de la Copa de Europa de 1980 ante el Nottingham ForestTambién sucumbió en la final de la UEFA de 1982 ante el sorprendente IFK Göteborg. En Alemania era el monarca insiscutible, con tres Bundesligas casi consecutivas: 1979, 82, 83. Y por fin, ese último año, un día caluroso de primavera en Atenas, conquistaba la estrella que lleva impresa encima de su legendario escudo (dos rombos invertidos). El Hamburgo se alzó con la Copa de Europa en 1983 merced a un obús de su capitán Felix Magath desde fuera del área. El logro cerraba la época más gloriosa del club.

 

   El Hamburgo es el único equipo que ha disputado todas la ediciones de la Bundesliga (creada en 1963). El viejo Volparkstadion dio paso, con motivo del Mundial de Alemania, a un nuevo recinto esplendoroso. Acorde al momento futbolístico germano. Deportivamente ha vuelto a los tiempos de Uwe Seeler, huérfano de títulos, pero pleno de orgullo y presencia. Siempre hay que contar con el viejo conjunto del norte, un equipo que destila historia. Otros pueden alardear de tener más estrellas en el pecho, de contar con mejores jugadores, incluso con mejor conjunto; pero el Hamburgo está mostrando algo que cada vez resulta más extraño el el mundo del fútbol: respeto y señorío.

   Ruud Van Nistelrooy llegó hace un año al conjunto hanseático. Recién salido de una larga convalecencia, quería jugar. El Real Madrid no espera a nadie, y su larga ausencia era sinónimo de adiós. Los blancos le abrieron la puerta y el Hamburgo le tendió la mano. La trayectoria del goleador holandés hablaba de un especialista de área en toda regla. Uno de los mejores de la pasada década, si no el mejor. En la recta final de su carrera su antiguo equipo le ha metido en un buen lío. Quería recuperarle hasta el final de temporada, como parche a su mala planificación deportiva. El Madrid buscaba desesperadamente un nueve para suplir la baja de Gonzalo Higuaín. Y Van Nistelrooy recogió el guante. Desde entonces, seguro que cada noche ha soñado con CR7, plantando a su pareja de ataque en el Hamburgo Mladen Petric. ¿Acaso el Hamburgo no compite? No aspira a cosas importantes? No merece la mínima consideración?

   ¿Habría permitido Santiago Bernabéu, en su día, un episodio semejante? Conociendo la trayectoria del mítico presidente, adalid del señorío, seguro que no. El Madrid quería a RVN porque sí. Ni más ni menos (al principio, sin pagar nada a cambio). El Hamburgo no ha cedido. Y finalmente llegará Emmanuel Adebayor, un futbolista capaz de cambiar un hermoso jardín por uno que no se sabe lo que va a ser, por un puñado de libras (Dejó el Arsenal por el Manchester City). Capaz de reírse de su antiguo equipo después de marcarle un gol.  Otro jugador con una personalidad muy peculiar está apunto de aterrizar en Chamartín.

 

Pdt.  La historia tiene guardado un pasaje curioso sobre la relación entre el Hamburgo (el club ninguneado) y el Real Madrid. En 1980, se enfrentaron en la semifinal de la Copa de Europa que más tarde ganaría el Nottingham Forest ante el propio Hamburgo. Los alemanes avasallaron al Madrid, con un 5-1 histórico en Alemania, y le privaron de jugar la final que se disputaría… ¡¡¡en el Bernabéu!!! Para que la historia termine siendo más rocambolesca aún, en aquel partido de vuelta expulsaron a Vicente del Bosque. El fútbol es una caja de sorpresas.

 

                                                                                              

                                                                                                                     Nxari Altuna (periodista) naxari altuna



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08/02/11 10:44PM

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