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Image19/02/2019

 

Eugèeeene Kabongoooo, gritaba el viejo Gérland cada vez que su equipo perforaba la portería contraria. Eran tiempos de tribunas abiertas al cielo y eco de bocinas que creaban una atmósfera muy característica en los campos del viejo continente. Gradas llenas en Segunda división, con mucho colorido y entusiasmo por volver a la máxima categoría.

  Ante tal fervor popular, extrañaba ver al Lyon en el segundo escalafón del fútbol francés. En ese contexto tomó las riendas del club un joven empresario local, de nombre Jean-Michel Aulas. Nos situamos a finales de los ochenta, cuando dos ilustres canteranos, Rémi Garde y Bruno Génésio, propulsaban al gran ídolo de la época hacia la portería contraria. El delantero congoleño Eugène Kabongo hacía las delicias de la hinchada local. Era la época de Raymond Domenech en el banquillo de su ciudad natal.

 

   El Olympique Lyonnais vivía a la sombra de su histórico vecino, Saint-Etienne. Les Gones por fin competían en la máxima categoría con Les Verts. Corría el año 1990 cuando, casi una década después, Gérland era testigo del derby del Ródano en Primera División. El Saint-Etienne, mítico equipo que reinó en Francia a finales de los setenta y principios de los ochenta, nunca hubiera imaginado el desarrollo que tendría su archirrival contemporáneo a partir del reencuentro en la actual L1.

 

   Pasó la época de Kabongo y tomaba fuerza la cantera, el gran eje del OL. Una marca con pedigrí. Tola Vologe es, quizás ,el centro de formación más prolífico de Francia. Allí crecieron Fréderic Kanoute y Ludovic Giuly; se hicieron futbolistas de élite Karim Benzema, Hatem Ben Arfa, Samuel Umtiti, Corentin Tolisso o Alexander Lacazzete. Ahora despuntan los atacantes Nabil Fekir y Maxwell Cornet, los medios Tanguy Ndombele (fichado del Amiens), Lucas Tousart y Houssem Aouar. Fekir, con 25 años, es el más veterano de todos. El resto se mueve en la veintena. Oro puro.

 

  Cuando el Lyon comenzó a frecuentar la zona noble del balompié hexagonal lo hizo con una pareja de atacantes forjada en su factoría. Alain Caveglia y el joven Florian Maurice hacían migas sobre el campo con el pequeño Giuly. El OL asomaba por Europa con el propósito de convertirse en el futuro faro del fútbol francés en el Viejo Continente. Querían emular las antiguas gestas del vecino Saint-Etienne.

 

   En esas llegó un fichaje de impacto a Gérland. El Lyon pegaba un golpe sobre la mesa con la contratación del delantero brasileño Sonny Anderson, procedente del FC Barcelona. Entonces comenzó a mudar su piel el conjunto del Ródano. El color púrpura anunciaba años fastuosos. Establecieron una conexión brasileña por gentileza de un antiguo futbolista brasileiro del club, el defensor Marcelo Djian. Merced a su pericia, se armaron con Juninho Pernambucano, Cris, Caçapa, Edmilson, Nilmar o Fred. Ganaron Ligas, hasta siete seguidas. Un récord en Francia. Y se convirtieron en la bestia negra del Real Madrid. Querían dejar huella en Europa. Pero se salieron del foco. Y volver al primer plano les ha costado lo suyo.

 

    El singular presidente Jean-Michel Aulas lanzó al club a la conquista del mundo. Cuando se vio desbordado plegó velas, poniendo rumbo  a puerto para retocar su política con miras a un futuro más sostenible. Volaron las grandes figuras y se apretó el cinturón el mandamás lyonnais, con el nuevo estadio en ciernes: el Stade des Lumières (Parc OL) como fortaleza y la cantera por bandera.

 

   Con el opulento PSG desatado, el Lyon busca fórmulas más razonables para competir. Vuelve a crecer de la mano de su nuevo coliseo, vendiendo lo necesario para reforzar sus pasos. Se fueron Benzema, Ben Arfa, Govou, Pjanic, Gonalons, Toulalan, Lisandro…  Antes lo habían hecho Essien, Diarra, Abidal, Malouda… Pero persistía la figura del entrenador serio, discreto. Sinónimo de estabilidad. Houllier, Le Guen, Perrin, Puel, Garde, y en los últimos años Génésio, cumplen la máxima del presidente Aulas. Para polémicas y peleas dialécticas se basta él mismo.

 

   Jean-Michel Aulas no tiene rival en las altas instancias del fútbol galo. En los ochenta fueron célebres las disputas entre pesos pesados de los clásicos de la época. Bernard Tapie, galán del Marsella, y Claude Bez, capo del Burdeos, dirimían un duelo de altura antes y después de los partidos. Con la desaparición hace unos meses del eterno y pintoresco propietario del Montpellier, Louis Nicollin, Aulas es el último representante de la vieja guardia: el empresario de éxito que inmortaliza su figura personalista en el club que recogió en Segunda hace tres décadas. Ahora convertido en marca pujante (OL), que cotiza en bolsa sin perder su esencia formativa. Una mezcla de lo más curiosa.

 

   Y en 2004 creó su obra maestra hasta la fecha, con permiso del nuevo estadio. Ese año nacía el equipo femenino del Olympique Lyonnais, quíntuple campeón de Europa. Los últimos tres títulos continentales de forma consecutiva, siendo dominadoras implacables del fútbol francés. Nadie ha alzado más Copas de Europa en el fútbol femenino. El gran anhelo del presidente Aulas es convertir al Lyon en el primer club en ganar el máximo cetro continental en las dos categorías.

 

 

 

                                                                                                                 Naxari Altuna (periodista)  



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